La nueva homofobia

Publicado: mayo 20, 2012 en Uncategorized
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Por: Jesús Armando Rivas Lugo

 

Es común leer en la prensa que cada día nuevos estados, ciudades o países comienzan a construir una sociedad más favorable hacia el colectivo LGBTTTI. Contrariamente también nos enteramos que algunos gobiernos recrudecen las penas contra la homosexualidad o, lo más común, intentan bloquear e incluso anular las conquistas logradas en lo referente al matrimonio y adopción.

Lo anterior nos muestra la desigualdad en la que se encuentra el mundo en materia de homofobia, pues mientras unos ya pueden legislar sobre cuestiones de matrimonio, en otros países apenas se está pugnando para que la orientación/preferencia sexual deje de ser un delito. Derogar las leyes que penalizan la homosexualidad es un gran paso pero no lo es todo.

En México, la homofobia se manifiesta bajo un discurso políticamente correcto. Hay que admitirlo, ya no está de moda ser homofóbico. Actualmente, todas las personas nos decimos pacifistas, democráticos e incluyentes. Lamentablemente no es así.

La homofobia se oculta tras un discurso de tolerancia y aceptación.  Esto último ya lo sabemos. El reto está en saber identificar esos nuevos avatares con los que se presenta.

La nueva homofobia consiste en aceptar (o así creerlo) a las LGBTTTI, pero sin aceptar sus derechos. Puede entenderse como el nuevo discurso y acto de inclusión hacia la diversidad sexual en la esfera de lo cotidiano y en los medios de comunicación, pero negando los derechos particulares del matrimonio y la adopción.

En términos generales las personas niegan discriminar, sin embargo, un análisis minucioso de las conductas e incluso de las leyes que son aprobadas en los congresos, ponen de manifiesto que nuestra sociedad aún dista de ser no homofóbica.

Lo que hace nueva a ésta homofobia es que se encuentra bajo un significado de aceptación condicionada y no igualitaria, se trata de una aceptación social pero que aún guarda los prejuicios y arrastra las concepciones de la homofobia clásica y tradicional.

De manera clásica se suele definir a la homofobia como un miedo irracional hacia las personas homosexuales cuya consecuencia es la negación de los derechos de éste colectivo. La definición anterior hacía énfasis en el rechazo hacia las personas homosexuales y dejaba en segundo lugar el tema de los derechos. Considero que estamos en el momento preciso para invertir la definición y poner en primer término la negación de derechos como el principal carácter de la homofobia, de lo contrario se seguirá creyendo que al perder ese miedo irracional y al tener amistades homosexuales o lesbianas se deja de ser homofóbico, aunque no se respeten sus derechos.

La nueva homofobia tiene dos características. La primera consiste en la incapacidad de reconocer como homofóbicos ciertos discursos y acciones. Somos tan homofóbicos que no nos damos cuenta de ello. Esto en gran parte se debe a que la aceptación e inclusión de la diversidad sexual se hace en el tono de lo políticamente correcto, pero no desde la reflexión. Ahora las personas no dicen “joto” o “puto” porque hayan reflexionado y llegado a la conclusión de lo denigrante del concepto; sino por miedo, provocando que dentro de sí, sus concepciones e imaginarios sobre la homosexualidad y transgeneridad sigan estando iguales.

La nueva homofobia se presenta junto la imposibilidad de identificar y darse cuenta de nuestra propia homofobia. Los homofóbicos creen que no lo son. Dado que en el imaginario social la aceptación a la diversidad se traduce como llevarse bien con quienes son homosexuales o simplemente no agredirlos, surge la imposibilidad de identificar que la homofobia también incluye la negación y oposición a que el colectivo LGBTTTI tenga los mismos derechos. Las frases de la nueva homofobia van precedidas de “No tengo nada contra los homosexuales” o “Los acepto, son mis amigos/as”, consecuentemente se agrega “pero no deberían adoptar, casarse, etc.” La homofobia con el tiempo se ha transformado en otra cosa, no ha desaparecido, sólo se transformó.

La segunda cualidad de la nueva homofobia es su carácter resistente. Se resiste a ser identificada como homofobia. Quien practica la nueva homofobia asume una posición a la defensiva cuando se trata de igualar la heterosexualidad con la homosexualidad. Veamos un ejemplo.

Si bien, ya hay personas que no consideran a la homosexualidad y la transgeneridad como una patología, existen quienes la consideran un acto electivo. Es decir, argumentan que aceptan la homosexualidad porque es “una elección”, es “un estilo de vida que los homosexuales han escogido”. Para estas personas, los seres humanos nacen esencialmente heterosexuales y por alguna u otra causa “se elige” la homosexualidad.

Sin embargo cuando se pregunta por el origen de la heterosexualidad la respuesta es que no tiene causa, esa orientación sexual no se puede explicar.

Lo anterior ocasiona que, por un lado, existan personas con una orientación sexual sin necesidad de explicarla y, por el otro, personas que, bajo las explicaciones de la nueva homofobia, nacieron heterosexuales pero que por distintas razones “eligieron” y “prefirieron” ser homosexuales o lesbianas. Si una orientación sexual tiene causas, las otras orientaciones sexuales deberían también tenerla. Si la orientación sexual es genética, también la heterosexualidad es genética. Si la homosexualidad es hormonal también la heterosexualidad lo es. Realizar una distinción sobre el origen y la causa de las orientaciones no hace nada más que perpetuar la idea de anormalidad. A este ejemplo también se pueden agregar todas esas teorías que buscan curar la homosexualidad y que, de manera irónica, consideran no promover la homofobia.

La discriminación en general no desaparecerá si antes no hacemos un ejercicio de reconocimiento y revisamos nuestros prejuicios, clasismos, racismos y formas de misoginia. Es allá donde el Estado tiene un papel protagónico en la creación de políticas públicas en materia de discriminación en las que se especifique la homofobia como un problema y sus consecuencias sobre las personas.

El reto consiste en identificar a políticos y personalidades y desarticular el discurso de organizaciones e instituciones que promueven esta nueva homofobia y construir acciones realmente incluyentes basadas no sólo en el número de espacios, discotecas, revistas, tiendas o programas de televisión en los que se hable de la homosexualidad; sino en leyes, programas, presupuestos con perspectiva y el aseguramiento de una igualdad real y sustantiva en el ejercicio de los derechos, de todos los derechos.

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